Ataques de pánico

Qué hacer durante un ataque de pánico: 5 técnicas que funcionan

· Equipo iyiyim · 5 min de lectura

Cuando un ataque de pánico golpea, el cuerpo entra en modo emergencia y la mente grita «sal de aquí». Sin embargo, lo que mejor funciona suele ser lo contrario de lo que pide el instinto: quedarse, respirar y dejar que la ola pase. Aquí tienes cinco técnicas concretas que puedes usar en el momento, estés donde estés.

1. Recuérdate lo que está pasando

El primer paso es ponerle nombre: «Esto es un ataque de pánico. Es horrible, pero no es peligroso y va a pasar». Los ataques de pánico alcanzan su pico en unos minutos y luego bajan solos, porque el cuerpo no puede mantener ese nivel de activación indefinidamente. Etiquetar la experiencia reduce la interpretación catastrófica («me está dando un infarto») que alimenta el miedo.

2. Alarga la exhalación

Durante el pánico solemos hiperventilar sin darnos cuenta, y eso provoca mareo y hormigueo. La clave no es inhalar más aire, sino exhalar más lento. Prueba esto: inhala por la nariz contando hasta 4 y exhala por la boca contando hasta 6 u 8, como si soplaras suavemente una vela sin apagarla. Repítelo durante dos o tres minutos. La exhalación larga activa el sistema nervioso parasimpático, el freno natural del cuerpo.

3. Ancla tus sentidos: la técnica 5-4-3-2-1

El pánico te arrastra hacia dentro, hacia las sensaciones y los pensamientos catastróficos. El anclaje sensorial te devuelve al presente:

Nómbralas despacio, con detalle. No se trata de distraerse a la desesperada, sino de recordarle al cerebro que el entorno es seguro.

4. Relaja el cuerpo de forma activa

El miedo tensa hombros, mandíbula y abdomen, y esa tensión retroalimenta la sensación de peligro. Haz un repaso rápido: baja los hombros, afloja la mandíbula, apoya bien los pies en el suelo. Si puedes, tensa con fuerza los puños durante cinco segundos y suéltalos de golpe; repite con brazos y piernas. Este contraste ayuda al cuerpo a registrar la diferencia entre tensión y calma.

5. No huyas: surfea la ola

Escapar del lugar alivia a corto plazo, pero enseña al cerebro que ese sitio era peligroso, y la próxima vez el miedo será mayor. Si es posible, quédate donde estás y adopta una actitud de observador: «Ahí está el corazón acelerado, ahí el mareo». Las sensaciones suben, se mantienen y bajan, como una ola. Cada vez que la surfeas sin huir, le quitas poder al pánico.

Después del ataque

Es normal quedarse agotado o tembloroso. Bebe agua, camina un poco y trátate con amabilidad: acabas de atravesar una tormenta interna. Si los ataques se repiten con frecuencia, la terapia cognitivo-conductual es el tratamiento con mayor evidencia y merece la pena consultarlo con un profesional.

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