¿Ataque de pánico o infarto? Cómo diferenciarlos y cuándo acudir al médico
«¿Es un ataque de pánico o un infarto?» Es probablemente la pregunta más angustiosa que uno puede hacerse con la mano en el pecho. Y es una duda razonable: ambos pueden producir dolor torácico, palpitaciones, sudoración y falta de aire. De hecho, muchas visitas a urgencias por dolor de pecho terminan con el diagnóstico de crisis de ansiedad. Conocer las diferencias te ayudará a responder mejor, aunque hay una regla de oro que veremos al final: ante la duda, siempre gana la prudencia.
Lo que suelen tener en común
Tanto el ataque de pánico como el infarto pueden causar opresión en el pecho, corazón acelerado, sudoración, náuseas, mareo y una intensa sensación de que algo va mal. Por eso ninguna persona, ni siquiera un médico, puede distinguirlos con certeza solo por las sensaciones: hacen falta pruebas como un electrocardiograma.
Señales que orientan hacia un ataque de pánico
- Inicio y duración: el pánico sube muy rápido, alcanza su pico en unos 10 minutos y después empieza a remitir por sí solo.
- Tipo de dolor: suele ser punzante o agudo, localizado, y a menudo cambia con la respiración o la postura.
- Síntomas acompañantes: hormigueo en manos y cara, sensación de irrealidad, miedo intenso a morir o a perder el control.
- Contexto: aparece en reposo o en momentos de estrés emocional, y quizá ya has tenido episodios similares que quedaron en nada.
Señales de alarma que orientan hacia un problema cardíaco
- Dolor opresivo, como un peso o una garra en el centro del pecho, que dura más de unos minutos o va y viene.
- Irradiación hacia el brazo izquierdo, la mandíbula, el cuello o la espalda.
- Relación con el esfuerzo: aparece o empeora al subir escaleras o caminar y mejora con el reposo.
- Sudor frío profuso, náuseas marcadas o dificultad respiratoria que no mejora.
- Factores de riesgo: edad, tabaquismo, hipertensión, diabetes, colesterol alto o antecedentes familiares.
La regla de oro: cuándo acudir al médico
Si es tu primera vez con dolor de pecho intenso, si el dolor dura más de 10-15 minutos, se irradia, aparece con el esfuerzo o tienes factores de riesgo cardiovascular, llama a emergencias o acude a urgencias sin dudarlo. Nadie te va a reprochar una falsa alarma: descartar un infarto es exactamente para lo que existen las urgencias. Una vez que un médico ha evaluado tu corazón y confirma que está sano, esa información se convierte en tu mejor herramienta contra el pánico.
Después del diagnóstico: aprender a confiar en tu cuerpo
Muchas personas siguen dudando incluso con pruebas cardíacas normales: «¿y si esta vez es diferente?». Es comprensible, pero repetir pruebas una y otra vez alimenta el ciclo de la ansiedad. Si tu corazón ya fue evaluado y los episodios encajan con ataques de pánico, el siguiente paso más útil es tratar el pánico: la terapia cognitivo-conductual reduce tanto los ataques como el miedo a los síntomas físicos.
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